Mirek Tichý se paseaba por los balnearios, parques y paradas de autobus de su ciudad, tomándole fotos a mujeres con su cámara hecha de rollos de papel higiénico. Su rebelión era contra la estética encuadrada en ideología, contra las constantes ocupaciones cotidianas de la convencionalidad más inmediata y aplastante. Miroslav recogía momentos sin que sus modelos lo supieran y los proyectaba en lo primero que encontrase.
Mirek, Mirek, Mirek. Como una oración y una nostalgia.
Tichý, el coleccionista, el testigo, el fanático bajo un altar de fotografías mal reveladas.
Miros, soríele a mi cámara ocular.
Lav, mira de frente a mi sanguíneo lente izquierdo-ventricular.

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