miércoles, 11 de septiembre de 2013
Negativo
Un trozo de arcilla se movía en sus manos toscas. La única luz del taller iluminando los pequeños surcos de sus palmas teñidos de terracota.
Era una sombra inclinada sobre la lámpara, que no se atrevía a entrar en el espectro de luz por no contaminar el ambiente de su obra: ese moldear el liso y húmedo corazón de la roca, de esa tierra-partícula primaria, a escala.
"Así debe sentirse ser Dios"- y más que poderoso, se sintió torpe. Sus movimientos y el abrazo de sus falanges, un poco más que inexpertos, hacían temblar algo ancestral en el amasijo que lo miraba expectante.
De pronto, la angustia y algo de conmoción, las formas empezaban a mostrarse, y, sin saber porqué, sintió un enorme deseo de llorar, de acariciar, de pedir perdón.
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