sábado, 28 de septiembre de 2013

Daguerrotipo


¿A qué suena esta incertidumbre? Las dudas vienen sin soundtrack... Silencios.
Tantos encuentros que no es posible revivirlos todos, pero seguir extrañando.
A veces el correr, el dejarse deslizar por los momentos, es algo cansado. Uno se despierta de la vida como ausente y se mira desde afuera, pensando que habría sido mejor interrumpir las inercias.
Y sin embargo, no hay reproche, nunca culpa, sólo peso, peso, peso. Y sentirse extraño en el cuerpo.
Pero es que la falta de control, la completa espontaneidad, la libertad hasta de uno mismo, cómo se superan? 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

D'Agata

Tijuana (Mexique),2003. Antoine D'Agata/Magnum Photos


Antoine soñando entre alucinaciones y respiración entrecortada.
Oscuridades eternas y dolores profundos que reptan.
Ser y apropiarse, vivir antes que todo, antes que nada,
esta muerte, que al final es lo único cierto...
Para resucitar al tercer, al décimo quinto, al trigésimo día en la media luz desamparada de otra calleja, de otra cama, de otro cuerpo que no es cuerpo,
sino hueso y escupitajo y palpitación y llama abierta. 

martes, 24 de septiembre de 2013

Instantánea (3)


Se lo encontró tres veces por la ancha avenida, mientras caminaba mirando cada una de las iniciativas y los stands repartidos en las plazas. Un día para rescatar la ciudad, para reconstruirla desde la perspectiva de quienes vivían en ella, la atravesaban y la sentían: un lindo, lindísimo día.
 La idea era la chispa, el encontrarse y reconocerse. El momento mismo de la magia y prolongarla, azuzar el fuego sin perder la distancia.
 La segunda vez, lo vio sentado en la fuente junto a un hombre viejo, tocando su guitarra. La mirada amable que cantaba, la reconoció en la muchedumbre y sonrió, pero no, no se atrevió.
"Si lo vuelvo a ver una vez más, si tan sólo una vez se me cruza, se la entrego"- se prometió, sin nada de esperanza, pues estaba a punto de dejar la ciudad.
 Mientras se alejaba del centro, esquivando a la gente y charlando con su hermana, lo vió venir de frente. Llevaba su guitarra colgada al hombro y, por alguna razón, le encantó que fuera vestido de azul. Dudó un poco y cuando la había pasado ya, reaccionó. Apretó la carta en el bolsillo y se volvió, corrió un poco hasta alcanzarlo, le tocó suavemente el hombro y extendió el brazo:
 - "Esto es para vos"- mientras sonreía.

martes, 17 de septiembre de 2013

Imagen Latente


Caminar sin rumbo fijo y llueve.
Esta mala costumbre de intuirlo todo
es como un olor que te persigue,
un olor que emana de todo lo que conozco
y más de tí que todo me lo diste aún sin quererlo.

Esta mala costrumbre de llegar a las verdades por tropiezo
y engañarse en el camino... porque duele más no hacerlo.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Negativo


Un trozo de arcilla se movía en sus manos toscas. La única luz del taller iluminando los pequeños surcos de sus palmas teñidos de terracota.
Era una sombra inclinada sobre la lámpara, que no se atrevía a entrar en el espectro de luz por no contaminar el ambiente de su obra: ese moldear el liso y húmedo corazón de la roca, de esa tierra-partícula primaria, a escala.
"Así debe sentirse ser Dios"- y más que poderoso, se sintió torpe. Sus movimientos y el abrazo de sus falanges, un poco más que inexpertos, hacían temblar algo ancestral en el amasijo que lo miraba expectante.
De pronto, la angustia y algo de conmoción, las formas empezaban a mostrarse, y, sin saber porqué, sintió un enorme deseo de llorar, de acariciar, de pedir perdón.

                                                                                   

lunes, 9 de septiembre de 2013

Tichý

Mirek Tichý se paseaba por los balnearios, parques y paradas de autobus de su ciudad, tomándole fotos a mujeres con su cámara hecha de rollos de papel higiénico. Su rebelión era contra la estética encuadrada en ideología, contra las constantes ocupaciones cotidianas de la convencionalidad más inmediata y aplastante. Miroslav recogía momentos sin que sus modelos lo supieran y los proyectaba en lo primero que encontrase.
 Mirek, Mirek, Mirek. Como una oración y una nostalgia.
Tichý, el coleccionista, el testigo, el fanático bajo un altar de fotografías mal reveladas.
Miros, soríele a mi cámara ocular.
Lav, mira de frente a mi sanguíneo lente izquierdo-ventricular.

                                                                                  

sábado, 7 de septiembre de 2013

Instantánea (2)




Se despertó con la luz en el rostro, un leve haz se coló por la pequeña porción descubierta de la ventana. Todavía parecía sentir el destello del flash en los ojos, la proximidad.
 Ese día se movió ligera, un poco de aquel leve, levísimo, viento le impregnó, y sonreía.
 Habló con su amigo del violín y le contó su sueño. Días más tarde se encontraron y, aunque un poco avergonzada por ello, se desilusionó de sus compañeros de orquesta: ningún sweater raído, ni ojos profundos.
 El día le llovió sin piedad y ya no flotaba más, el aire cargado de agua le hacía pesada la espera. El té humeante era como una promesa, pero no la entendió, la llamada de su amigo la distrajo: otra vez se encontrarán. Y, no sin nostalgia, sale de nuevo al aire frío y a la oscuridad.
Calles mojadas, focos de autos, camina apresuradamente y se topa de frente, en la fila de algún autobús, con unos ojos que se posan en los suyos. Mirada desconcertada, manos en los bolsillos, pantalones oscuros, cabello largo, zapatos negros. Ella se esconde un poco en la capucha sin detenerse, algo como una inquietud dentro del pecho.
Llega a su parada y justo detrás llega él (chaqueta de cuero, pendiente espiral en su lóbulo derecho, movimientos ligeros). Un bus ronca al detenerse frente a ellos.
La fila avanza, sólo ellos no. Él se mueve un poco. Algo, cualquier frase, buscando una forma de salir. El bus se aleja, y la parada queda desierta. Ella, palpitaciones, no sabe bien que hacer. Avanza y se sienta, algo le pesa y sigue sin saber realmente qué es.
 Al hacerlo, vuelve su mirada hacia él, él agacha la cabeza y suspira, el momento se fue. Da media vuelta  y camina nuevamente sus pasos. Ella quiere gritarle que espere, que "Hola",y que "esta soy yo, veámonos mañana o por lo menos quedáte conmigo hoy", pero, ya no hay nada que hacer...
 La ciegan por un momento las luces de un autobús que dobla la rotonda; desde las ventanillas salpicadas, alguna de las siluetas vuelve su rostro hacia la cabina solitaria y apenas iluminada. Y ella no lo nota... Pero sonríe nostálgica al pensar en la fabulosa maraña (siempre desapercibida e indecifrada) que se ha formado con los grumos de té al fondo de cada una de sus tazas. 

                                                                                                       

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Instantánea (1)



Pasearse por una casa de madera, grande y espaciosa. La única persona conocida era el chico del violín y ya el ensayo había acabado, pero no importó. Se saludaron desde lejos y ella se unió a los demás que se levantaban del piso discutiendo la pieza que acababa de sonar.
 Desde el fondo del salón su amigo le hizo una seña para que se acercara. Antes de eso, un chico de cabello largo con un sweater raído se unió a los músicos y charlaba con su amigo. Cuando le llamó, el chico del sweater se volvió a mirarla y sonrió.
 Caminó entre los demás hasta ellos, saludó a su amigo con cariño, pues hacía tiempo que le extrañaba y quería verle. Luego, le presentó al chico del cabello largo, pero por alguna razón su nombre se disolvió en el aire al momento mismo de que su amigo lo pronunció. Él le volvió a sonreír y se alejó para hablar con una pareja que acababa de acercarse a otro de los músicos. Los demás espectadores abandonaban paulatinamente la habitación y se movilizaban a otros rincones de la casa.
Su amigo le dijo que esperara un momento junto a ellos y luego el grupo de músicos y otros pocos chicos se compactó. Empezó a charlar con la chica que, momentos antes, se acercó junto al que parecía ser su novio, a hablar con otro de los músicos. Le dijo que irían a una habitación secreta, una especie de espacio privado del sólo ellos sabían y podían disfrutar. No se sorprendió mucho al escucharla, pero se emocionó un poco ante el misterio.
El chico del sweater raído se acercó a una de las paredes del fondo y empujó un poco las tablas de madera. Su amigo la miró, le sonrió y se le acercó mientras le decía alegremente “vamos”. Se introdujeron en la pared y fueron a dar a un pasadizo interno bastante espacioso e iluminado; se movían entre vigas de madera y polvo, hasta que llegaron a una puerta estrecha. Ésta les condujo a una habitación cálida y amplia, lámparas de colores y alfombras decoraban el lugar y el aire tenía el aroma remanente del incienso una vez apagado.
 Había almohadones y pronto los demás fueron ocupando los lugares que más les gustaban. Se sentó junto a la chica y su novio, ya que su amigo se levantó un momento a saludar a otros chicos que entraron al final. Todos charlaban y algo así como una inquietud se le empezó a enredar en el pecho, pero no estaba muy segura. De todas formas, no se sentía para nada mal.
Después de un rato de caminar entre la gente y charlar con algunos de los chicos, el muchacho de cabello largo se le acercó, sosteniendo una vieja Polaroid en sus manos. Desde que llegó le llamaron la atención sus formas simples, su piel algo morena y sus ojos oscuros y profundos, y su manera de moverse entre el grupo.
 Ella lo miró desde el almohadón en el que estaba sentada, mientras él se acuclillaba a su lado, mirándola también. Sin decirle nada, levantó su cámara y la dirigió a su cara: un pequeño soplo de viento, tenue, muy tenue, como una exhalación, le llegó desde su proximidad. Y fue entonces cuando lo supo… No sonrió, sólo vio de frente al lente, como tratando de ver más allá, hacia la profundidad oscura que le apuntaba, y se disolvió para siempre en aquel flash.   


                                                A.