Caminar en la oscuridad es más fácil si siento la cercanía de tus manos, los movimientos de gato de tu cuerpo, tu aliento que se acerca, sin tocarme, y que se aleja al tiempo, sin herirme.
A veces siento que no puedo desentrañar la maraña de palabras que no dices, ese lenguaje tuyo, tan sufrido, misterioso e imperceptible. Pero sigo aquí, moviéndome con tu pulso y pretendiendo que no hace falta que me necesites.
Me gusta ser la fuerte, la que sigue adelante y no te extraña, la que sonríe. Me gusta pero a veces me hiela el pecho el sentir tu presencia conmigo, pero no encontrar tus ojos a media tarde o no sentir tu roce de pronto en mis noches tristes.



