miércoles, 30 de marzo de 2016

Instantánea 11 (vestigio B)

Fantasma (21/1/13)

Vos en cada trago, una botella mal descorchada y nada más que tu recuerdo...
Nunca he sido más que esto: un despojo que desaparece.
Desde que no estoy, no quiero más que encontrarte de nuevo y sentirte como esa primera vez,
como esa primera vez en que no éramos y de pronto las preguntas y el miedo y el alcohol
y el humo espeso y desenfreno.

Quererte en la alfombra, a la luz de una ventana y sin cortinas. Yo sé que no éramos,
pero fuimos tanto, tanto, que aún suspiro... Tanto, todo, que aún, mi amor, te espero... 

Nunca nada, nada cierto, fuimos sin serlo y sin quererlo, pero fuimos
y ahora me quedé sin cielos, no hay más paraísos, no hay infierno:
estoy sola en este espacio sin tiempo y qué más da si se acaba,
qué más, si no tengo remedio?

Instantánea 10 (vestigio A)

Lejana (6/9/12)

De estos pensamientos de lluvia sólo queda la Sangre:
melódico delirio y densidad de espuma.  

Sangre infinita, agolpándose en cuerpos,
reventando lenguas, vibrando en estas bocas.

Y es que tan sólo verte en la oscuridad, inocente de crueldades,  
me espanta los puñales, 
inmola mis derrotas .

¡Tanta Sangre, Cariño! ¡Tanta!
 Aquí detrás de mis ojos y allá bajo tus párpados.

Sangre remolino y espada; 
Sangre purpúrea, 
Sangre que grita, turbia de amores... 

Y rabias.   

Chase

Mis ojos de loba te buscan en la oscuridad.
Vago con sed entre páramos sin nombre, mientras sigo tu errático caminar.
Desapareces entre alturas, pero no claudico, porque el látigo del hambre me empuja hacia tus manos y tu ausencia me encadena a este vagar. 
La naturaleza me dio un corazón tenaz y muslos fuertes, como si supiera de tu amor por las distancias, de tu avidez por escapar. 
De pronto lanzo mi aullido febril hacia la Luna, en dueles en tanta espera larga y quizá por eso termino deseándote aún más. 

lunes, 21 de marzo de 2016

"No es el amor, lo sé, pero es de noche..."

No es el amor, lo sé, pero es de noche
y yo estoy sola, frente al mar que espera
con las uñas viscosas de sus algas
y el sello de la sal sobre sus piedras:
sin cesar, desde el agua y las espumas
mil ramajes de brazos me recuerdan
que aguardan todavía
tendiéndome su ausencia.
Las mismas olas que devoran barcos,
que van hundiendo mástiles y velas,
tiran siempre de mí
salvajemente
ceñidas, enroscadas, como cuerdas.

No es el amor, lo sé, pero qué importa:
tiene su mismo rostro hecho de niebla
y su temblor febril y su acechanza,
tiene sus manos blandas que se aferran
con dura precisión.
Tiene su misma insólita presencia
con el prestigio de un fulgor pasado
y la futura soledad que empieza.
Tiene sin duda del amor la insidia
y el desgajado abandonar reservas
hasta quedar desnudo
como un árbol reseco.
Tiene el rondar la sangre
como un fantasma hambriento
sobre la inaccesible piel del mundo,
lamiendo inútilmente su corteza,
desesperado, ávido,
con la exacta impaciencia
del querer, del después,
del otoño y la espera.
Y aquel recomenzar desde la bruma
que es su signo quizá.
Y su señal más cierta.

No sé cuándo ha llegado:
es como un viejo amigo que regresa
con el rostro cambiado por los viajes,
las fiebres, el alcohol, las peripecias.
Reconozco sus rasgos,
su voz que ha enronquecido, pero es ésta,
su antigua voz que dice otras palabras
semejantes a aquéllas.
No es el amor, lo sé, y sin embargo
es su paso otra vez, y las caricias
recobran los caminos sin urgencia.
No hay palabras, y puedo estar callada:
todo es tan simple así, tan sin sorpresa
y es tan fácil estar, tan necesario.
No es el amor, tal vez. ¿Y si lo fuera?

                                                Julia Prilutzky

sábado, 5 de marzo de 2016

Proclama

Soy más fuerte de lo que crees.
Me quiebro con facilidad, pero siempre me encuentro:
Esta inesperada resiliencia se ha convertido en mi sello. 
Ya ha sido mucho de lágrimas ahogadas y de dolor, 
Pero en mi jardín aún se alzan en vuelo, valientes, los jilgueros.
No hay forma de que el vacío se apodere de mis huesos, por más golpeados y ligeros.
Soy más fuerte de lo que jamás creí.
Ardo bajo tu fuego, pero no dejo de sonreír entre los silencios y me alejo despacio,
Con esta certeza de mejores tiempos latiéndome, intensa, dentro del pecho.