miércoles, 30 de octubre de 2013

HST

By Ralph Steadman


  Recoger las cartas, un último trago y dejar que gire el cilindro.
  Que gire y sentir el peso, que gire y girar con él, hasta que el cuarto quede de cabeza
  y una nube de color se fije en la cavidad ocular.
  Inhalar profundamente y un poco más. 

 Hay una maravilla secreta en el dolor, y en alienar para contener y alienar otra vez.
 Un golpe, tinta, sabor a sangre y desesperación.
 Adiós...
 No, hoy no.
 Los engañé y a vomitar toda la angustia en el lavabo
 o remojar en la piscina la comezón de algún delirio latente,
 de la ridculez del mundo tal como es.

El cilindro siguió girando más lentamente, todos lo pudieron ver.
Nuevo frenesí y decandencia:
gritar, correr, destrozar, coger.

Una sonrisa desgarrada,
 y se detuvo.
Impacto de plomo, levanta el puño,
climax retrasado,
 (por fin!) revés. 
   
                                                                
  

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