Me quiebro con facilidad, pero siempre me encuentro:
Esta inesperada resiliencia se ha convertido en mi sello.
Ya ha sido mucho de lágrimas ahogadas y de dolor,
Pero en mi jardín aún se alzan en vuelo, valientes, los jilgueros.
No hay forma de que el vacío se apodere de mis huesos, por más golpeados y ligeros.
Soy más fuerte de lo que jamás creí.
Ardo bajo tu fuego, pero no dejo de sonreír entre los silencios y me alejo despacio,
Con esta certeza de mejores tiempos latiéndome, intensa, dentro del pecho.
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