Vago con sed entre páramos sin nombre, mientras sigo tu errático caminar.
Desapareces entre alturas, pero no claudico, porque el látigo del hambre me empuja hacia tus manos y tu ausencia me encadena a este vagar.
La naturaleza me dio un corazón tenaz y muslos fuertes, como si supiera de tu amor por las distancias, de tu avidez por escapar.
De pronto lanzo mi aullido febril hacia la Luna, en dueles en tanta espera larga y quizá por eso termino deseándote aún más.

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