Estás luchando, tanto más o igual que yo, por retenerlos:
Por extraer mi sangre de tu sangre,
Extinguir mi llama que todavía arde en tu astillero.
Pero no quiero que renuncies.
No quiero ser rumor de incendio viejo,
Cuando aún me vibra en la piel el salvaje néctar de tus sueños.
Y yo sé que no podés amarme, aunque ya lo hayás hecho,
Que estos malabares invisibles no son más que un tropezar de ciegos.
Pero dejame quedarme junto a tu boca por esta noche.
Dejame olvidarme, por hoy, de que te pierdo.
Yo a cambio te regalo mis ardores por completo,
Para que te los amarrés a los costados y te los esparzás por todo el cuerpo,
Y recordés que, aún muriendo,
Nuestro tiempo no dejará jamás de ser eterno.

No hay comentarios:
Publicar un comentario