Por mi parte, le miré fijamente a los ojos y respondí que "yo era de lo más bella y que si tanto le molestaba mi cuerpo, podía irse mucho a la mierda". Total era su pérdida.
Sin embargo, me dolió su arremeter inesperado contra mi pecho, contra mi cuerpo, y mi suerte lamentable de encontrarme con gente grosera e insensible, o incapaz en cualquier modo de quererme, hasta en los sueños.
Me despertaron la rabia y el aturdimiento.

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