Cada paso era una anécdota, compartir ese momento que parecía tan poco.
Y el viento empezó a soplar más fuerte, como una caricia urgida, suplicante.
Los aros giraban lentamente y las palabras...
No hay futuro posible o forma alguna de que funcione, pero esa mirada y el abrazo.
Algo de luz brillando sobre las estampillas desparramadas en la mesa.
Chocaron, muy pronto, dos lapsos de tiempo.
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