De pronto, el olor acre de la nicotina en algún lugar de mi armario
me lleva a unos brazos que me rodean, a su pecho fuerte,
a la luna llena.
Por la calle es tu perfume el que me caza entre la gente,
gente que no sos vos, pero que me sobresalta,
porque no quiero verte.
Ahora sólo quedan fantasmas, cadáveres de caricias
que ponen su peso en mi cuerpo mientras avanzan.
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